Texto por: Julieta Ferreri


“…Y para que van al Coropuna? Ahí lo único que hay es frío…” Intrigado y sorprendido, interrogaba el chofer del micro que, tras 1 hora de salir del pueblo de Andagua, nos dejaba en el medio de la nada, justo donde le pedimos bajar, en la parte de la carretera más cercana al Nevado Coropuna. En realidad, para mí, había más cosas además del frío en esa fortaleza congelada… desafíos, aventuras, vivencias extraordinarias, paisajes salidos de otros mundos, atardeceres saturados de colores extravagantes y, como en las demás montañas, el sentido total de mi vida, además de mi felicidad, claro. En fin, había muchas cosas más en el Nevado Coropuna además del frío… No era momento ni lugar para dar ese tipo de explicaciones al hombre, por lo que me limité a responderle que ya íbamos preparados para las bajas temperaturas reinantes en el lugar.



Ya era tarde cuando bajamos del micro, y el sol demoraría unos 30 minutos en ocultarse, así que buscamos un buen lugar para acampar y comenzar la aproximación al día siguiente.

El objetivo esta vez era alcanzar la cumbre Este (6.317 msnm), entrando por el glaciar Noreste del macizo.

Día 2: Luego de desmontar el primer campamento (4.875 msnm), comenzamos a bordear el flanco Este del macizo para alcanzar la Quebrada del Río Blanco, en la cual se encontraba nuestra entrada al glaciar. Cruzamos algunas quebradas y pasamos junto a una obscura colada de lava antigua que aún se destaca bastante en el paisaje. Juntamos agua en una pequeña laguna y seguimos hasta el sitio en donde montamos el segundo campamento (4.951 msnm).



Día 3: Tras cruzar dos quebradas más, alcanzamos la que nos llevaría hasta el glaciar Noroeste. Comenzamos a ascender por ella y más arriba armamos nuestro tercer campamento (5.055 msnm).



Día 4: Continuamos subiendo por la quebrada, atravesamos las morrenas glaciarias hasta llegar al glaciar Noreste, montamos nuestro cuarto y último campamento sobre la morrena, a pies del glaciar (5.537 msnm). Si bien aquí el frío se hacía sentir con rigor, este lugar no llegaba a ser tan helado como el campo de hielo, donde acampamos en la expedición anterior.



Día 5: Salimos hacia la cumbre. Comenzamos el ascenso por lo que quedaba de la morrena, bordeando al glaciar por su flanco izquierdo hasta montarnos en el, en dirección a la cumbre Este. Más tarde tuvimos que decidir entre seguir por la arista Oeste o por la cara Noroeste, mas empinada y directa. Nos decidimos por esta última. La nieve se encontraba algo blanda, por lo que abrimos huella todo el camino, encontramos penitentes en gran parte de la ruta de ascenso. Atravesamos algunas grietas y tramos que llegaban a unos 45 grados de pendiente. Llegamos a una falsa cumbre y continuamos hacia la verdadera, el viento helado ya se hacía sentir.



Finalmente llegamos a la gloriosa cumbre (6.317 msnm), redonda y blanca como sus hermanas, una vista privilegiada nos mostraba hacia el Oeste la cumbre principal (6.425 msnm), el Nevado Pallarcocha (6.171 msnm) y la cumbre Norte o Coropuna Casulla (6.377 msnm). Mas al fondo, a lo lejos, la silueta obscura del Volcán Sara Sara. Hacia el Suroeste el Volcán Ampato y su compañero, el Volcán Sabancaya, fumando como siempre. Iniciamos el descenso con el viento en aumento y la temperatura descendiendo abruptamente. Volvimos sobre nuestros pasos y transitamos el último tramo del glaciar iluminados por la luna llena, que oportunamente ya se alzaba desde el atardecer. El glaciar resplandecía alvino como un gélido y solitario terreno lunar, en una quietud nocturna absoluta, ya que este lado se encontraba resguardado del viento. Finalmente llegamos a nuestra carpa y nos tomamos una buena sopa caliente.



Día 6: Levantamos campamento y comenzamos a descender por la quebrada. Esta vez, en lugar de retomar nuestro camino flanqueando el macizo, continuamos descendiendo por la Quebrada del Río Blanco, la cual, a diferencia de la mayoría de las áridas zonas que rodean al Coropuna, se torna bastante húmeda en su parte más baja, por lo que atravesamos algunos bofedales. Al atardecer acampamos junto al río que nos acompañaba cuesta abajo (4.706 msnm).



Día 7: Seguimos nuestro descenso por la quebrada y luego de pasar junto a algunas construcciones de piedra muy antiguas, encontramos la carretera que nos llevaría hasta el cruce de Arma. Por ese sitio, a las 7 de la tarde, pasaría el micro que va hacia Arequipa. Pasamos por un caserío a mitad de camino (comunidad de Pucuncho) en donde encontramos una tienda, comimos unas mandarinas, tomamos una Inca-Kola y seguimos camino. Justo cuando se ocultaba el sol, llegábamos al cruce de Arma. Nos aguardaban aún 2 frias horas esperando al micro. No alcanzábamos aún el cruce, cuando vemos pasar una camioneta. Obviamente nos pegamos una corrida y le hicimos señas. Paró y nos levantó. La gloriosa camioneta nos llevó hasta el pueblo de Cotahuasi en donde pasamos la noche para abordar, al día siguiente, el micro que nos llevó de regreso a Arequipa.



La cumbre Este es muy solitaria ya que es la mas aislada de las cumbres del Coropuna, por lo que tiene muy pocas ascensiones. Según la información que encontramos, no existen registros de ascensiones por la ruta que seguimos para llegar a la cumbre, por lo que es muy probable que hayamos abierto una ruta nueva. Sería esta también, la primera ascensión brasileña y argentina a la Cumbre Este.


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